viernes, 29 de febrero de 2008

RUIDO



Creo de verdad en el “principio de compensación universal”, todo lo que hagas te será devuelto antes o después... incluso las gamberradas de juventud.
Todo adolescente pasa por una etapa en la que importa más el nivel de decibelios que la calidad de la música a escuchar, la mía tuvo la inestimable colaboración de unos altavoces Vieta de tres vías y 80 watios de potencia. Los fines de semana nos reuníamos en el salón de mi casa y, además de provocar la ira de la vecina de arriba, abríamos la ventana para que todos supieran que teníamos un equipo cojonudo. Cuando intento recordar por que hacíamos esas cosas solo encuentro un sentimiento de orgullo pueril, de lo que en gallego llamamos ser un “fachendoso” que es mucho más que ser presumido, es ser presumido hasta el ridículo. Había también momentos de soledad en los que el volumen amortiguaba las tristezas y enfatizaba las alegrías dependiendo del día que tuviera. Queda además la función de compañía que el sonido realiza; desde los doce años, momento en el que perdí a mi padre, al llegar a casa lo primero que hacía era poner música o bien encender la radio o la tele; sin ser plenamente consciente del gesto en aquel momento, ahora me doy cuenta de que se trataba de oír algo o a alguien.
Ahora el principio al que me refería en el principio me devuelve los altavoces atronando villancicos desde las farolas en navidad, las megafonías cuando llega una campaña electoral, un vecino con un retoño más llorón que la media y los parroquianos del bar de enfrente que siguen la discusión en la calle más allá de la media noche; no me importa ya que todo es parte de la vida, habrá quien agradezca la sintonía callejera, el político de base es sin duda mas merecedor de mis respetos que sus jefes de filas, el niño crecerá y será como fui yo, y los parroquianos mientras discuten están vivos: además aún tengo los altavoces en el trastero y cualquier día...
La musiquita de hoy es de Joan Jett “i love rock and roll”, venía más a cuento “the sound off silence” de Simon y Garfunkel pero la verdad no tengo el día ñoño.


1 comentario:

Nessun dijo...

El mio era una "carreta" pero hacia mucho ruido! Amalia (del segundo segunda) veia moverse la lampara, ademas de oir la musica yo la bailaba y su lampara tambien. Viva la empatia!